El Club de las dos ruedas.

Tras años en las dos ruedas, conociendo a gente increíble, haciendo rutas magníficas y sintiendo lo que una moto de baja cilindrada te puede ofrecer, hace un par de días me di cuenta de lo que significa ser gilipollas.

Hace unos años comencé mi aventura de las dos ruedas de una manera un tanto forzada; forzada porque no quería pasar más tiempo a mis treinta y tantos sin haber probado lo que es subirse a una moto. Empecé comprando revistas de motos, informándome… lo clásico que hace cualquier persona cuando le pica el interés por alguna cosa. Poco a poco ese interés empezó a tornarse en afición, a conocer marcas, monturas, equitaciones, estadísticas, etc… y descubrí a dos señores Shaun Moto y Majes en Moto.

Algunas marcas pasaron entre mis piernas, pero me enamoré de una marca, de un modelo, de lo naranja. KTM pasaría a ser mi marca y la Duke 125 mi moto.

Con ella aprendí a ir en moto, a sentir la libertad, compartir entre moteros, a respetar la circulación y ser más comprensivo a la vez que acordarme de los familiares de otros era más efusivo; la vida en la carretera.

Mucha gente se quedaba asombrada viendo desde dónde venía todos los días, le marcaba más de 120 kilómetros diarios a “La Blanca”. Hiciera frío, calor, lloviera e incluso he pasado el puerto de Los Leones nevando, sí, habéis leído bien, nevando. Casi todos los días, durante más de dos años, cogiendo experiencia.

Entonces viene Mafalda al mundo y con ella cambios, muchos cambios; desde la casa, el coche, la provincia, las formas, etc. Es entonces cuando teniendo aprobado el examen teórico del A2 te das cuenta de que no tienes tiempo para realizar las prácticas, que tu tiempo ahora está destinado a otras tareas impuestas por la vida y que hacerlas no conllevan desazón o malestar; pero no hay tiempo para las clases. Por estos motivos y por ver que con hielo la moto me ofreció el primer susto a modo de curva en “Motard Style”, decidí mirar alternativas, más caras, pero más seguras; algo que mi contraria y casi con seguridad mi hija me agradecen de sobra. Me decido, <<He comprado un Triscooter.>>

Ahora, con mi felicidad, viene la mofa de amigos, conocidos y desconocidos. Reírse del que tiene un triciclo por el hecho de tenerlo, sentenciar con <<¡Ya no eres motero!>> efectivamente señores, ya no soy motero, soy “Triscootista”.

Tengo que decir que estoy muy contento, más que muy contento y que ya con diez mil kilómetros sigue sacándome la sonrisa cada vez que cojo un paso de curva.

Tras mi escepticismo para con estos cacharros, puedo decir sin lugar a dudas que ha sido una de mis mejores compras, y también decisión en muchos años. Ahora solo me queda, seguir sacando los dedos aunque no sean correspondidos y con la cabeza fría continuar con los mil ojos y las precauciones en la conducción, la estabilidad me la da “La Polilla”.

Aún así, espero este Septiembre retomar las clases prácticas para tener al fin mi soñado A2.

¡Gas!

Autor: rkadrano

No soy nadie ¿y tú?

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